sábado, 8 de agosto de 2015

El Estado Inka y su búsqueda de seguridad alimentaria

Carlos de la Torre Postigo. Lima. 2007
Dedicado al Maestro John Earls.


1.  Las antiguas naciones andinas. 
En un horizonte temporal que se extiende a lo largo de por lo menos 10,000 años, un gran número de naciones habitaron y transformaron los recursos naturales del territorio que hoy se conoce como área andina e incluye las repúblicas de Ecuador, Perú y Bolivia, y buena parte del norte de Chile y Argentina. 

Un historiador estima la existencia de más de 200 naciones durante los siglos  VIII a XV, época de los primeros Estados multinacionales: Wari en el siglo VIII con su centro de gobierno en la actual ciudad de Huamanga, e Inka con su capital en el Cusco a partir del siglo XIV.

Entre las principales naciones que integraron el Estado Inka es necesario mencionar de sur a norte,  a los grandes ayllus o señoríos Aymará que habitaron la meseta del Collao desde Potosí en Bolivia hasta la actual provincia de Canchis en Cusco. Diversas naciones fueron parte del mundo cultural aymara: Lupaca, Collaguas, Charcas, Pacaxes, y otras. 

Más al norte, en los valles interandinos, que corresponden a la zona ecológica Quechua, las naciones más importantes fueron los Kana y los Kanchi, asentadas en el norte de Puno y las actuales provincias altas del departamento del Cusco; los Inka en el valle del Cusco y en zonas aledañas;  los Chanka en los valles de Andahuaylas y Ayacucho, al norte del gran río Apurímaq; y los Ankara en Huancavelica. 
En la sierra central y norte del Perú, las naciones más importantes fueron los Huanca, en el valle del Mantaro; los Yaro y Chupaychu en Huánuco; los  Caxas en el valle de Cajamarca; y los Chacha, en las vertientes orientales cruzando el río Marañón en dirección a la selva amazónica. En la sierra del actual Ecuador destacaron las naciones Cañar, Cayambe, Latacunga y Carangue.  

Junto al mar, en los valles que discurren hacia el océano pacífico separados por grandes desiertos, hubo también grandes y poderosas naciones: los Chincha, expertos en el comercio marítimo; los Huarco en el valle de Cañete; los Ichma en el valle de Lima; y los Chimor que dominaron siete valles de la costa norte del Perú.

Cuando estas naciones ingresaron a la gran confederación denominada Tahuantinsuyu promovida por la nación Inka, ellas conservaron sus propios gobernantes, sus costumbres y religión. A cambio de ésta relativa libertad, debieron ceder ante el Estado Inka,  parte de sus mejores tierras y ganado para tributar anualmente al Cusco, aceptar la presencia de funcionarios Inka junto a los señores étnicos, reconocer la divinidad del Sol (Inti Tayta) y practicar el quechua (runa simi) como lengua oficial.

El distintivo principal de cada nación se mostraba en la forma de peinarse el cabello y el arreglo que llevaban en la cabeza. El cronista Guamán Poma de Ayala, muestra en su obra un dibujo en el que se aprecia estos distintivos en el tocado de los personajes que rodean al gobernante Inka en una reunión de consejeros.

2. Rasgos culturales comunes: gobierno, tecnología, religión.
Una enorme diversidad de lenguas, culturas, climas y recursos naturales ha sido desde la antigüedad la característica principal del espacio andino. Pero no obstante la existencia de ésta diversidad hubo muchos elementos culturales que eran compartidos en mayor o menor medida entre todas las naciones, conformando una especie de cultura panandina.

Quizás la más importante y singular fue la estrategia de organización del trabajo humano para el aprovechamiento de los recursos naturales. Los antropólogos e historiadores han denominado a ésta estrategia: el control vertical de un máximo de pisos ecológicos (John V. Murra, 1975, 1983; María Rostworowski, 1988; Enrique Mayer, 1989).

Lo anterior significa que cada nación se esforzó por desarrollar su poder político a un grado que permita tener acceso al mayor número posible de pisos ecológicos: desde las playas del mar, subiendo por las laderas a las cumbres de nieve y descendiendo por la vertiente oriental hasta la selva amazónica. De este modo los recursos naturales bajo el control de una nación o etnia, no estaban todos dentro de un territorio continuo. Los recursos que controlaba una etnia estaban distribuidos en un conjunto de “islas” territoriales.

Con esta estrategia varias naciones compartían el acceso a los lugares de extracción de sal en las lagunas de altura; las playas para extracción de pescado y productos marítimos; y las chacras para los sembríos de coca. En estos lugares y en muchos otros del territorio andino existían “pueblos” integrados por familias que eran colonos pertenecientes a distintas etnias. 

La población de cada nación estaba entonces enfrentada a la necesidad de recorrer grandes distancias para explotar diversos recursos de manera simultánea; y los gobernantes o señores étnicos tuvieron que desarrollar una política muy compleja de relaciones de reciprocidad y alianzas con las naciones vecinas.

En la esfera de las actividades económicas, la búsqueda de la seguridad alimentaria fue otro elemento común en la cultura de las naciones andinas. Debido a los desastres naturales que aparecían de forma cíclica en el tiempo: sequías prolongadas en la sierra por ausencia o escasez de lluvias; inundaciones devastadoras en los valles de la costa norte por el “fenómeno del Niño”; terremotos y avalanchas de tierra y nieve; fue necesario el desarrollo de una planificación económica rigurosa y la invención de tecnologías productivas adecuadas para asegurar la supervivencia.

La planificación económica consistió en coordinar de manera minuciosa el uso de la energía humana en las tareas agropecuarias de acuerdo a calendarios de trabajo muy estrictos. A esto se sumó una política de guardar alimentos en almacenes públicos denominados Qollqa.  El Estado Inka potenció a un grado máximo la construcción de las Qollqa pero diversas naciones también tuvieron esta política.

En cuanto a tecnologías adecuadas para la seguridad alimentaria se inventó los alimentos deshidratados y las harinas de cereales andinos para prolongar su período de almacenamiento por muchos años. Un buen ejemplo, es el chuño y la harina de cañahua, inventados por las naciones de la meseta del Collao. (Mauricio Mamani, 1978). 

Como protección frente a las sequías se desarrolló la ingeniería hidráulica y la construcción de canales de riego a un nivel sofisticado.

Existieron canales de riego desde la época Chavín (1,500 AC), pero los canales de riego construidos en la región Chimor en la costa norte del Perú, movilizaron caudales de agua de riego de magnitudes muy grandes y en algunos casos unieron a distintos valles a través del desierto. (Jorge M. Zegarra, 1978; Ian S. Farrington,1978).

Las terrazas de cultivo fue otra invención técnica para incrementar el cultivo del maíz y a la vez para proteger los suelos y suavizar los cambios climáticos.  La fotografía aérea en el siglo XX ha descubierto dos millones de hectáreas en terrazas cultivables de procedencia pre -hispánica de las cuales solamente un 25% continúan siendo utilizadas hasta el presente. (Carlos de la Torre y Manuel Burga,1986).

En el plano religioso es evidente un punto de contacto que une a la mayoría de las naciones del continente americano, es decir, mucho más allá de las fronteras culturales del mundo andino. Es el culto a la Madre Tierra, llamada Pacha Mama en la lengua quechua, pero que también tiene presencia principal en la espiritualidad del pueblo Mapuche al sur de Chile o en los rituales de la nación Lakota de América del norte.

Otro punto de unidad en la cultura popular de América Latina, heredera de las antiguas naciones andinas y americanas, es el culto católico a las Vírgenes. Es probable que el sustento espiritual de ellas sea una continuación del culto antiguo a la Madre de las Aguas (Qocha Mama) o a la Madre Luna (Killa Mama). Los actuales pobladores de cultura Quechua y Aymara del sur del Perú y Bolivia afirman que las Vírgenes de Chapi, Candelaria y Copacabana, son hermanas y son madres de muchos hijos. Es muy probable que tenga similares fundamentos el culto popular a la Virgen de Guadalupe en México.

3. La nación Inka: las leyendas de su origen.
En algún momento del siglo XIII un grupo de ayllus (familias extensas) llegó al valle del Cusco, y después de un período de guerras, negociaciones y alianzas logró ser aceptado por las naciones que habitaban este lugar desde antes: Alcavisa,  Pinagua, Ayarmaca, y otras.

La cabecera del valle del Cusco era una zona de pantanos y de tierras barridas por vientos helados, este fue el lugar que se entregó a los ayllus recién llegados. Los forasteros eran la nación Inka, y el lugar de su procedencia es todavía desconocido.

Tres leyendas que han sido recogidas de distintos miembros de familias reales, cuentan el origen de los Inka; ellas en más de un aspecto son distintas y tienen elementos contradictorios. Dos leyendas mencionan que los Inka iniciaron su peregrinación en el gran lago Titicaca de la meseta del Collao, estas son la leyenda de los Wiraqocha y la de la pareja de hijos del Sol: Manco Qapaq y Mama Oqllo. Una tercera leyenda, cuenta que tres hermanos de nombre Ayar, con sus esposas, salen de una cueva en el lugar llamado Paqaritampu, cerca del valle del Cusco, en la actual provincia de Paruro. (Henrique Urbano, 1988)

No es fácil aceptar que los Inka vinieron del altiplano del Collao, porque entonces no se entiende su preferencia por las actividades agrícolas, como es el cultivo del maíz, o sus avanzados conocimientos de hidráulica que utilizaron para la construcción de terrazas de cultivo con sistemas de irrigación incorporados. Estas no son tecnologías que las condiciones ecológicas de la meseta del Collao podrían haber obligado a desarrollar.  Por otra parte en Paruro tampoco se han encontrado retos de alguna ciudad antigua con obras de tecnología hidraúlica o terrazas de cultivo de acuerdo al diseño Inka. 

Es posible que en un tiempo anterior, los ayllus Inka fueron parte de la cultura Tiawanaku, asentados en el altiplano del Collao en la época del horizonte cultural Wari, que corresponde al siglo VIII; y luego debido a las invasiones de los pueblos aymara fueron obligados a migrar  hacia otras regiones. Existen varias semejanzas entre la cultura Inka y la Tiawanaku, por ejemplo en los diseños urbanos y en su arquitectura. Sin embargo, si este fue su origen, es necesario preguntarse en qué lugar intermedio estuvieron durante por lo menos trescientos años antes de llegar al valle del Cusco?. 

Un cronista del siglo XVI sospecha que los Inka vinieron de algún valle de la vertiente que desciende hacia la selva amazónica,  al oriente del altiplano del Collao.  Es un territorio de laderas pronunciadas con abundancia de agua para riego, donde se ha construido terrazas agrícolas en áreas muy grandes, y el clima es favorable al cultivo del maíz.  Este escritor menciona un símbolo que podría ser el recuerdo de este origen; este es el “Paucarchuko”, arreglo de plumas del  Páucar, ave propia de la selva alta, que se colocaba el Inka por encima de la borla real. (Pedro de Cieza de León, 1996)

La tradición oral ha recogido la información de que los Inka lograron desecar los pantanos del valle del Cusco y canalizar de manera subterránea los tres ríos que lo atraviesan. También se sabe que ganaron aprecio y respeto de las naciones vecinas por su capacidad de organizar las tareas productivas, por sus conocimientos para la predicción de los fenómenos climáticos, y por su tecnología de construcción de palacios de piedra, caminos y ciudades.

A finales del siglo XIV el poder e influencia de la nación Inka había crecido a tal punto que fue inevitable una guerra con otra nación que rivalizaba en poderío. Esta fue la guerra entre los Inka y los Chanka, que tuvo como resultado el inicio de una época favorable al poder de los primeros. Pachacuteq fue el gobernante que derrotó a los Chanka e inició la expansión territorial del Estado Inka a una escala continental (María Rostworowski, 1988)

4.  El Estado Inka: planificación y organización productiva para la seguridad alimentaria.
En una perspectiva histórica del conjunto de las naciones andinas, el Estado Inka, es una experiencia política y organizativa que es continuación de una larga tradición cultural. Cuatro siglos antes, otra nación, los Wari, emprendieron también el esfuerzo de crear un Estado integrador de varias naciones, pero luego de la decadencia de éste primer imperio, vino un periodo largo de desorden y guerra permanente entre las naciones andinas.

La expansión del Estado Inka más allá del territorio cercano al valle del Cusco, es obra de tres gobernantes: Pachacuteq; Tupa Inka, y Wayna Qapaq. Sumando el probable tiempo de gobierno de ellos, se alcanza un período máximo de siglo y medio.

Las obras construidas por estos gobernantes, visibles hasta hoy, son: la red de caminos llamada Inka Ñan o Qapaq Ñan, con sus lugares de descanso (tampu), red que une desde Ecuador hasta el norte de Argentina; varias ciudades de piedra establecidas como centros administrativos y de control de reservas de alimentos; una vasta red de almacenes públicos para guardar alimentos, ropa y armas; miles de hectáreas en terrazas de cultivo,  muchos kilómetros canales de riego y ríos canalizados como el que recorre el valle sagrado.

Las ciudades Inka descubiertas a la fecha son: Ayaviri, Raqchi, Qosqo, Pisaq, Ollantaytampu, Macchu Picchu, Vitcos, Willkapampa, Wilkashuamán, Choquequirao, Huaytará, Tambo Colorado, Xauxa, Pumpo, Wanakupampa, Caxasmarka, Tumbes, Tumipampa y Quito.

Sin embargo, es justo mencionar que en muchos casos el aporte de los gobernantes  Inka se limitó a ampliar y perfeccionar las obras civiles construidas desde tiempos anteriores por distintas naciones andinas: caminos, ciudades, fortalezas,  templos, almacenes, terrazas de cultivo y  canales de irrigación. 

Pero el legado más impresionante de la nación y la cultura Inka es su esfuerzo por la optimización de los recursos productivos con el fin de lograr un máximo de producción y seguridad alimentaria, en un medio hostil para la vida humana por causa de la enorme diversidad ecológica y ambiental. 

El Estado Inka concentró su atención en la planificación de la actividad económica. Su principal herramienta fue la estadística: los censos de población, de tierras, cosechas,  pastizales y ganado, se hicieron de manera permanente mediante funcionarios estatales dedicados a ésta  tarea. Ellos fueron los Quipukamayoq (“especialistas en hacer nudos”).

La población dedicada a actividades agropecuarias estuvo fijada a la tierra y otros recursos productivos a su cargo, no podía por lo tanto cambiar de residencia libremente. Los viajeros en los caminos o eran mitmaqkuna  (“colonos enviados por orden del Estado”), o eran jóvenes  mitayos (“personas en turno”) seleccionados para construir obras públicas o para participar como soldados en las campañas de expansión del Tahuantinsuyu. 

Los astrónomos se esforzaban en mejorar sus observaciones de tal manera de poder predecir los cambios climáticos y perfeccionar los calendarios anuales de tareas agrícolas. Los agrónomos tenían como punto de atención la identificación y el desarrollo de aquellas variedades de maíz que obtuvieran los mejores rendimientos de acuerdo a distintas zonas de altitud.

Las terrazas concéntricas de Moray, cerca del pueblo de Maras,  fueron un centro de simulación de pisos altitudinales dedicado a la experimentación con variedades de maíz.  La pequeña ciudad de Tipón, en el valle del Cusco, fue probablemente un lugar de enseñanza de técnicas hidráulicas.

Funcionarios estatales denominados “kamayoq” coordinaban el cultivo del maíz a escala macroeconómica, asignando la mano de obra de manera oportuna en los momentos críticos de siembra, riego y cosecha. Los “kamayoq” tenían además el encargo de promover innovaciones tecnológicas y según su especialidad reparar y mantener las obras públicas: puentes, caminos, y almacenes.

La producción de las áreas de cultivo estatales fue almacenada en la red de Qollqa (“almacenes públicos”) para atender a las necesidades de la burocracia, la alimentación de los ejércitos, y para el auxilio a la población de zonas afectadas por desastres. La magnitud de lo almacenado puede apreciarse en la siguiente cita:

“En 1547, quince años después del desastre de Cajamarca, este sistema de depósitos se hallaba funcionando todavía. En los almacenes de Xauxa, Polo de Ondegardo (cronista y funcionario español) pudo obtener provisiones para alimentar a cerca de 2,000 hombres durante siete semanas. Estimó que había más de 15,000 fanegas de comestibles, a pesar de los años de pillaje y desarticulación del sistema” (John V. Murra, 1983).

El descrito fue el ámbito de planificación dedicado al maíz, pero hubo un segundo ámbito dedicado a la producción de tubérculos. Este último estuvo a cargo de las unidades familiares campesinas al interior de cada nación o etnia. De esta manera la estrategia de seguridad alimentaria en el Estado Inka tuvo dos “anillos de defensa”: uno el de maíz y otro el de tubérculos. 
 
Un investigador del pasado andino menciona que el esfuerzo planificador del Estado Inka enfrentó algunos problemas de la ciencia moderna como es el de optimizar rendimientos en sistemas donde intervienen múltiples variables:

“... los Andes es una de las regiones de mayor complejidad ecológica en el mundo, y el Tawantinsuyo fue uno de los imperios más extensos de la época preindustrial.  Si el problema se considera desde este punto de vista, es un verdadero milagro que los Inka pudieran alcanzar una organización equilibrada” 

“Solamente pudieron lograrlo mediante el desarrollo de una ciencia y tecnología de la administración que reunió  la gran heterogeneidad de actividades humanas y estructuras ecológicas dentro de un orden holístico. En este sentido los Inka podrían ser considerados como precursores de la cibernética, si esta ciencia se define como la organización de la complejidad”  (John Earls, 1986).

5. Bibliografia citada.
John V. Murra, 1975.
Formaciones económicas y políticas  del mundo andino. 
IEP, Lima

John V. Murra, 1983.
La organización económica del Estado Inca.
Siglo XXI- IEP, Lima.

María Rostworowski, 1988.
Historia del Tahuantinsuyu.
IEP, Lima.

Enrique Mayer y Marisol de la Cadena, 1989.
Cooperación y conflicto en la comunidad andina: zonas de producción y organización social. 
IEP, Lima.

Mauricio Mamani, 1978.
Jorge M. Zegarra, 1978.
Ian S. Farrington, 1978.
Artículos individuales en el libro “Tecnología Andina”. R. Ravines.
IEP –ITINTEC, Lima.  

Carlos de la Torre y Manuel Burga, 1986.
Andenes y camellones en el Perú andino.
Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. CONCYTEC, Lima.

Henrique Urbano, 1988.
Wiraqocha y Ayar: Héroes y dioses andinos.
Centro Bartolomé de Las Casas, Cusco.

Pedro de Cieza de León, 1996
Crónica del Perú. Segunda parte.
Pontificia Universidad Católica del Perú.

John Earls, 1986.
Evolución de la administración ecológica Inca.
En “Andenes y camellones en el Perú andino”. CONCYTEC, Lima.




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